¿Merece la pena presentarse? Cómo decidirlo con números
Preparar una solicitud cuesta entre veinte y sesenta horas. Cómo estimar si el esfuerzo compensa antes de meterte, y cuándo lo honesto es no presentarse.
El coste que nadie apunta
Una subvención parece gratis porque el dinero llega de fuera. No lo es: cuesta el tiempo de alguien que en tu empresa ya tiene otra cosa que hacer. Leer las bases, montar la memoria, pedir tres presupuestos, reunir certificados, presentar, atender la subsanación y luego justificar suma con facilidad entre veinte y sesenta horas de trabajo cualificado, repartidas a lo largo de un año.
Si esas horas las pone alguien que factura, tienen precio de mercado. Si las pone el gerente, tienen coste de oportunidad. En ambos casos son reales, y no aparecen en ninguna parte del expediente.
Los cuatro números que hacen falta
Con estos cuatro se puede decidir en diez minutos, y todos salen de las bases o de tu propio criterio:
- Importe máximo que te tocaría
- No la dotación del programa: lo que puede recibir un beneficiario como tú. Está en el artículo de cuantía de las bases.
- Intensidad de ayuda
- El porcentaje del proyecto que cubre. Un 30 % significa que pones el 70 % restante de tu bolsillo, y ese dinero también tiene que existir.
- Horas estimadas de preparación
- Sé pesimista. La primera vez con un organismo nuevo siempre cuesta más que la segunda.
- Probabilidad razonable
- Si es concesión directa por orden de llegada y cumples, alta. Si es concurrencia competitiva con presupuesto para veinte y se presentan doscientos, baja. Las convocatorias anteriores suelen publicar cuántas se concedieron.
La cuenta
Multiplica el importe que te tocaría por la probabilidad razonable y réstale el coste de las horas. Si el resultado es negativo, la respuesta es no, por buena que suene la convocatoria.
Un ejemplo con números redondos: una ayuda de 15.000 euros, con una probabilidad honesta del 30 % y 40 horas de preparación a 45 euros la hora. El valor esperado es 4.500 euros y el coste 1.800: sale a favor, pero no por tanto como parecía al leer «15.000».
Cambia la probabilidad al 10 % y el mismo caso da 1.500 frente a 1.800: sale en contra. La probabilidad es el número que más manda y el que más se infla al calcularlo mentalmente.
Este cálculo sirve para descartar, no para decidir que sí. Hay razones legítimas para presentarse a algo con valor esperado bajo: aprender el procedimiento de un organismo con el que quieres trabajar, o posicionarte para una convocatoria mayor del año siguiente.
Tres señales de que no compensa
- El gasto ya está hecho
- Si las bases solo admiten gasto posterior a la solicitud y tú ya has comprado, no hay nada que valorar: no encaja.
- La cofinanciación no la tienes
- Una intensidad del 40 % con un proyecto de 100.000 euros significa poner 60.000 tuyos. Si ese dinero no existe, la ayuda tampoco.
- Las obligaciones posteriores no las puedes sostener
- Mantener plantilla o inversión durante tres o cinco años es habitual. Comprometerse sin poder cumplirlo es aplazar un reintegro, no ganar una ayuda.
Y una señal de que sí
Cuando el proyecto lo vas a hacer igualmente. Ahí la ayuda no cambia tu decisión de inversión, solo abarata algo que ya estaba decidido, y la probabilidad importa mucho menos: aunque no te la den, no has perdido más que las horas.
Es, de largo, el mejor motivo para presentarse, y el que menos se dice.
Fuentes
Todo lo anterior sale de estas normas. Están publicadas y son gratuitas: si algo de esta guía no te cuadra, la norma manda.
- Ley 38/2003, General de Subvenciones, artículos 17, 22 y 27